04 de marzo de 2026 Introducción En el marco
del 8 de marzo, desde COPARMEX advertimos que México no puede aspirar al
crecimiento, competitividad ni estabilidad democrática mientras las mujeres,
que representan la mitad de su población, continúen enfrentando barreras
estructurales para participar plenamente en la economía.
En un contexto de retos económicos, presiones
sobre la formalidad y desafíos en seguridad y Estado de Derechos, la igualdad
económica de las mujeres deja de ser una agenda sectorial para convertirse en
una prioridad estratégica nacional. No se trata solo de conmemorar, sino de
reconocer que el rezago en formalidad, liderazgo empresarial, inclusión
financiera y corresponsabilidad en los cuidados, no solo les afecta a las
mujeres; está limitando el potencial productivo del país.
Cerrar estas
brechas es una decisión económica urgente para fortalecer el crecimiento,
ampliar la formalidad y consolidar un Estado de Derechos sólido.
Mujeres en
la economía nacional: formalidad como palanca de movilidad El empleo formal es
la principal palanca de movilidad económica para las mujeres: eleva ingresos,
fortalece la autonomía y brinda estabilidad mediante la seguridad social. En
México, las mujeres representan el 40.5% de las personas cotizantes en el
empleo formal; a nivel ingreso, una trabajadora formal percibe en promedio $12
mil 971 pesos mensuales, frente a $6 mil 331 en la informalidad, una diferencia
de 48%. A pesar de que las mujeres participan en el mercado laboral formal,
persiste una brecha salarial. En el sector de actividades relacionadas al
bienestar social, cuidados, salud y la educación, donde 6 de cada 10 personas
ocupadas son mujeres, ellas perciben en promedio un 10% menos de ingresos que
sus colegas masculinos dentro del sector.
La brecha se
agrava al considerar el trabajo no remunerado (como las labores del hogar y de
cuidados) cuyo valor equivale al 23.9% del PIB. De ese total, las mujeres
aportan el 72.6%, una contribución 2.7 veces mayor que la de los hombres. El
trabajo no remunerado impide que las mujeres avancen hacia la formalidad. Sin
redistribución de responsabilidades y sin la infraestructura de cuidados
necesaria, no será posible liberar el potencial productivo de las mujeres en el
mercado laboral formal.
Barreras e Inclusión financiera: brechas
persistentes Las mujeres enfrentan una brecha más: la falta de autonomía
económica, la cual se agrava con la brecha salarial, en donde de cada 100 pesos
que recibe un hombre, la mujer recibirá solo 86 por el mismo trabajo, que
permea en el acceso a productos financieros como créditos y cuentas bancarias.
Aunque la búsqueda de la inclusión financiera avanza, no resuelve las barreras
de fondo: en 2024, 7 de cada 10 mujeres en México contaron con al menos un
producto financiero formal –ahorro, inversión o financiación– y aunque la
brecha se acorta, según la OIT, las mujeres reciben préstamos de menor cuantía
y tienen mayores dificultades para acceder a financiamiento para negocios
propios en comparación con los hombres, lo que se traduce como una barrera más
para el emprendimiento. Mujeres en el sector empresarial: liderazgo pendiente
La brecha
también es estructural: casi dos décadas nos separan de la paridad en puestos
directivos. Las mujeres ocupan solo el 3% de Direcciones Generales, cifra
estancada desde 2021 y, según IMCOKiik, sólo el 4% de las empresas son
presididas por mujeres. Se estima que al ritmo actual, la paridad llegará en
2043. México no puede permitirse esperar casi dos décadas para alcanzar la
paridad en el liderazgo empresarial, especialmente cuando las mujeres 2 han
cerrado brechas educativas significativas y siempre han aportado al desarrollo
económico desde trabajos remunerados y de cuidados.
Mujeres en
la economía mundial: potencial desaprovechado Hay una deuda pendiente en común
a nivel mundial: no se ha alcanzado la inclusión plena laboral de las mujeres y
se estima que la brecha económica global tomaría entre 123 y 134 años para
cerrarse, generando una potencial pérdida de 28 billones de dólares en el PIB
mundial.
Las mujeres
aportan el 37% del PIB global, sin contar los más de 10 billones anuales en
trabajo no remunerado, el cual equivaldría al 12% del PIB. A pesar de ello, 2
mil 400 millones de mujeres en edad laboral, carecen de igualdad de derechos
económicos en 178 países.
Participación desde COPARMEX Desde COPARMEX
reconocemos que la igualdad encamina al desarrollo inclusivo y sostenido que el
país requiere, por ello avanzamos en la representación de mujeres en nuestra
Confederación: la Secretaría General está encabezada por una mujer; 79.1% de
las direcciones de Centros Empresariales (53 de 71); 23% de las presidencias
(16 de 71) y 38.5% de las vicepresidencias nacionales (5 de 13) son ocupadas
por mujeres. Impulsamos su formación y acceso a espacios de decisión, convencidos
de que la diversidad fortalece la competitividad y la legitimidad
institucional.
Postura
COPARMEX En COPARMEX sostenemos que la desigualdad económica de las mujeres es
hoy uno de los mayores frenos estructurales al desarrollo de México. No puede
hablarse de competitividad cuando más de la mitad del trabajo de cuidados recae
desproporcionadamente en ellas. No puede hablarse de estabilidad cuando
millones permanecen fuera de la formalidad y la protección social. No puede
hablarse de democracia plena cuando su presencia en los espacios de decisión
económica sigue siendo marginal. Por ello, hacemos un llamado firme a colocar
la igualdad económica en el centro de la agenda pública y empresarial. México
necesita:
· Más mujeres en la formalidad, con seguridad social y acceso
a retiro.
· Infraestructura de cuidados que libere talento
productivo. · Condiciones regulatorias y financieras que impulsen su
emprendimiento.
· Paridad real en consejos y alta dirección.
· Educación digital y financiera que cierre brechas
estructurales.
La igualdad
es condición para crecer. Este 8 de marzo no sólo reconocemos el aporte de las
mujeres; convocamos a acelerar las decisiones que permitan que su talento
impulse plenamente la economía nacional. La competitividad del país depende de
ello. Sin igualdad económica para las mujeres, no habrá crecimiento sólido ni
estabilidad duradera ni desarrollo incluyente.

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